Actualmente, en España, no existe una educación sexual reglada, ni obligatoria ni integral en los centros educativos.

A ningún nivel, ni en primaria, ni en secundaria. Dentro de la actual Ley de Educación no existe ninguna asignatura curricular donde se imparta educación sexual integral.

Debido a la falta de desinformación y bulos que se divulgan, la mayoría de personas no sabe que es educación sexual. Es más, se piensan que es un sinónimo de prevención, genitales y relaciones sexuales, como si fuésemos a enseñar técnicas reproductivas en personitas de 8 años.

Evidentemente NO.

Esto es absurdo cuando hablamos de educación sexual para niños y niñas.

Cuando hablamos de educación sexual integral no solo nos referimos a prevención de ITS o embarazos no deseados, también hablamos de placer, de deseos, consentimiento, derechos y de respeto.

Hablamos de relaciones sanas, autoconocimientos y aceptación del cuerpo, de salud, ciencia e inteligencia emocional.

Y por supuesto, de romper mitos y creencias erróneas y perjudiciales.

Desde la educación sexual se aborda el bienestar personal, las relaciones interpersonales, los valores, la igualdad de género y la diversidad sexual. Todo desde la NO discriminación y el consentimiento, se previene el abuso sexual infantil, la LGTBIfobia y la violencia machista.

He empezado diciendo que no existe educación sexual en España.

Pero en realidad, si que existe.

Estamos continuamente educando en sexualidad. Porque cuando no hablamos de algo también estamos educando. Cuando no resolvemos las dudas que hacen los más pequeños y evadimos el tema, les estamos enseñando que eso es algo malo, sucio, de lo que no hay que hablar.

Y no, hablar sobre diversidad sexual no va a hacer que tu hija o tu hijo sea homosexual, trans o bisexual.

Hablar sobre diversidad va a hacer que tu hija o hijo entienda que no todo es blanco o negro. Va a prevenir el acoso por cuestiones de orientación o identidad sexual porque va a entender que hay un abanico lleno de posibilidades donde cada persona es libre de ser, de sentirse y de amar.

La educación sexual debería impartirse desde infantil. Cuanto antes se empiece a educar en sexualidad muchísimo mejor. Evidentemente adaptado a cada fase del desarrollo y a su edad.

Desde muy pequeñitxs podemos ir hablando de las cosas que más nos interesan.

Con los menores de 6 años, tenemos que hablar de sexualidad en cuanto a identidad sexual (soy niño, niña o no binario), mi cuerpo es mío y nadie lo toca sin mi consentimiento (prevención de abuso sexual infantil).

Cómo va a cambiar mi cuerpo, igualdad de género, de dónde vienen los bebés, qué pasa cuando una mamá se embaraza, naturalizar la menstruación, diferentes tipos de familias, hay niñxs que tienen dos papás o dos mamás o solo un papá o una mamá.

Todo esto es importante naturalizarlo día a día e integrarlo en la conversación. Si tiene dudas o curiosidad y pregunta. Hay que contestar.

Si no le respondemos, evitamos la conversación o cambiamos de tema estamos creando ese tabú y lo estamos tratando como algo negativo. Y además de una forma particular porque no hablamos de ese tema en particular mientras que de otros sí.

Es más cuando tenga alguna duda o problema en cuanto a su sexualidad no va a acudir a nosotros a contárnoslo. Han aprendido que no se puede hablar de ese tema.

Estamos rompiendo esa confianza y esa libertad para que pregunten lo que sea.

Este tabú generalizado que existe sobre el sexo lleva a los y las adolescentes a buscar esa información en internet.

Y de ahí a páginas pornográficas.

Fijaros que, según las estadísticas, un 90% de los niños y niñas se informan sobre sexo a través de la red.

Es más, debido a la fácil accesibilidad que tiene, cada vez acceden antes al porno. Y es según un estudio que hizo pornhub hace tiempo es que el consumo de pornografía empieza a los 10 años.

¿Parece alarmante, verdad?

Pues los últimos estudios revelan que muchos niños de 8 años ya tienen un contacto frecuente y habitual con la pornografía.

Y seguramente, no porque todoxs ellxs lo decidan. Sino porque, aunque no lo busques, internet te lo ofrece.

El 34% de todos los usuarios online están expuestos a pornografía no deseada.

Esto quiere decir que entres a internet a buscar lo que sea, cualquier información o un juego, y te salga pornografía.

O cuántas veces no te ha salido el mensajito de “Vanesa quiere conocerte”?. Y eso como adulto, imagínate sin saber qué es lo que aparece, no saben que significa y no saben cómo gestionarlo.

La realidad es que es algo muy difícil de controlar, incluso utilizando aplicaciones de control parental hay ciertos banners o pop ups, que no pueden inhibirse.

Por lo tanto, si es prácticamente imposible evitar que los menores vean pornografía, lo lógico es que tengas la confianza para hablar de sexualidad y darles las herramientas necesarias para que aprendan que la pornografía es ficción, que no es real. Todo está preparado.

Las relaciones sexuales es algo que se hace en la intimidad a puerta cerrada.

Es de las pocas cosas que no tenemos ninguna referencia ni modelo de conducta.

Por ejemplo, la primera vez que juegas al baloncesto, no te sabes las reglas del juego, pero sabes que hay que botar el balón, jugar en equipo y tirar a canasta.

Vale, de momento sabes cómo defenderte porque has visto partidos de baloncesto en la tele, en directo o a grupos jugando en la cancha del barrio. Pero con la sexualidad no tenemos esta toma de contacto, no tenemos ese aprendizaje previo o modelo a seguir.

Entonces, si yo no tengo ninguna referencia y me entra curiosidad, ¿dónde voy a ir a resolver mis dudas? A la pornografía. Y si solo veo eso, ¿qué me voy a creer?

Si no educamos en sexualidad y veo pornografía, me voy a creer que así son las relaciones reales.

  • Que la mujer está para satisfacer al hombre.
  • Que la falta de consentimiento es un sí quiero.
  • Para tener éxito tengo que alcanzar un modelo físico estereotipado e inalcanzable.
  • Que no hace falta utilizar preservativo.

Todo eso es lo que van a aprender y lo que van a poner en práctica.

Pero aquí lo importante es que te des cuenta que la culpa no la tiene la pornografía.

La culpa es nuestra, como sociedad por no hacer educación sexual.

Es necesario dar un modelo, contar con toda naturalidad qué es lo que ocurre en esa intimidad, cómo es el placer, el consentimiento y la importancia de las relaciones sanas y el respeto.

Si quieres saber más te invito a que veas los talleres sobre eduación sexual.